Gal Gadot corre por su vida (y por la de su hijo) en el thriller que no te da ni un segundo para respirar
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Gal Gadot corre por su vida (y por la de su hijo) en el thriller que no te da ni un segundo para respirar

03 de septiembre de 20264 min de lectura17 lecturas
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Una madre, un secuestro y una regla: no podés parar de correr. 'A la carrera' apuesta por el thriller minimalista de tensión constante, con Gal Gadot en un rol que exige mucho más que acción.

¿Qué pasa cuando el género de suspense decide desnudarse de todo artificio y quedarse solo con un cuerpo corriendo y una voz al teléfono? Esa es la apuesta de A la carrera (The Runner, 2026), un thriller psicológico que en 86 minutos construye una pesadilla de tiempo real sobre una madre que no puede detenerse, literalmente, ni un instante. La premisa es brutal en su simpleza: Maia Marten, abogada londinense exitosa, recibe una llamada durante su rutina matutina. Le dicen que tienen a su hijo. Y que si deja de correr, las consecuencias son impensables. Lo que sigue es un ejercicio de tensión casi clínico, donde el formato dicta las reglas y el espectador queda atrapado en el mismo agotamiento que su protagonista.

Detrás de la cámara está Kevin Macdonald, cineasta escocés con una filmografía que va del documental de autor —ganó el Oscar por One Day in September— al thriller político con El estado contra Mandela y al drama de supervivencia con El último rey de Escocia. Macdonald sabe construir urgencia, sabe trabajar con el cuerpo humano como herramienta narrativa, y esa experiencia se nota en la manera en que encuadra el movimiento de Gadot: no como espectáculo, sino como evidencia de un estado mental al límite. La elección de mantener la acción en exteriores reales, con Londres como laberinto cotidiano y amenazante a la vez, le da al film una textura documental que lo distingue del thriller de estudio más pulido y artificial.

Gal Gadot tiene aquí uno de sus roles más exigentes desde que se convirtió en sinónimo de Wonder Woman. El personaje de Maia Marten no es una superheroína ni una agente de élite: es una mujer que sabe de leyes y de estrategia corporativa, pero que de repente tiene que descifrar qué significa obedecer a un desconocido que tiene a su hijo. Esa vulnerabilidad calculada es el núcleo del film, y Gadot la trabaja con más matices de los que sus detractores habituales le conceden. No es una actuación perfecta, pero sí es honesta. A su lado aparecen Damian Lewis —actor británico con un largo historial en el drama de alta tensión, conocido sobre todo por Homeland— y Alfred Enoch, quien suma peso a un elenco de soporte que funciona mejor cuando el guion los deja respirar.

El problema de un thriller que no confía del todo en sí mismo

El puntaje de audiencia en TMDB —un 5.7 sobre 10— dice algo que vale la pena analizar antes de que el algoritmo lo descarte automáticamente. A la carrera tiene un problema estructural que aparece en el segundo acto: la lógica de las órdenes que recibe Maia empieza a resquebrajarse, y el film recurre a giros que priorizan el impacto inmediato sobre la coherencia interna. Es el riesgo del thriller de alta presión que se construye sobre una sola premisa: cuando esa premisa se agota, el guion necesita escalar, y no siempre lo hace con elegancia. Hay momentos en que la película se traiciona a sí misma por querer ser más de lo que su concepto permite.

Eso no significa que no funcione. Funciona, y bastante bien, en todo lo que tiene que ver con ritmo y con la construcción de una angustia sostenida. Macdonald sabe cuándo cortar, cuándo dejar la cámara quieta y cuándo acompañar el movimiento. Los 86 minutos de duración son una decisión inteligente: el film no se queda más tiempo del que puede sostener su tensión, algo que muchos thrillers contemporáneos ignoran olímpicamente. Si lo comparás con películas como Locke de Steven Knight o con el subgénero de thriller de tiempo real que popularizó Phone Booth, A la carrera se inscribe en esa tradición de historias que confinan al protagonista en una situación y apuestan todo a la intensidad de ese encierro, aunque en este caso el encierro sea paradójicamente el espacio abierto de una ciudad entera.

La figura de Maia como abogada tampoco es un dato decorativo: hay una tensión interesante entre alguien entrenada para controlar el lenguaje, para leer contratos y detectar mentiras, que de repente tiene que negociar con alguien que no tiene ningún interés en cumplir las reglas del juego. Esa dimensión psicológica, cuando el guion la explora, es la parte más valiosa del film. Cuando la abandona por la acción más convencional, se nota el bajón.

Si te gustan los thrillers que te ponen en movimiento desde el primer minuto y que usan el tiempo como recurso dramático antes que como decorado, A la carrera tiene mucho para ofrecerte. No es una obra maestra del género, pero es un film que cumple con lo que promete y que con Macdonald en la dirección tiene más oficio del que su premisa aparentemente modesta sugeriría. Podés verla en Playzy y comprobar si lográs mantener el ritmo.