Ridley Scott vuelve al apocalipsis con Jacob Elordi y una historia que duele
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Ridley Scott vuelve al apocalipsis con Jacob Elordi y una historia que duele

31 de agosto de 20264 min de lectura18 lecturas
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Ridley Scott adapta la novela de Peter Heller con Jacob Elordi como un piloto que sobrevivió al fin del mundo pero no al dolor de perder a quien amaba. Ciencia ficción que no apuesta todo a los efectos.

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¿Qué le queda a alguien cuando sobrevive a una pandemia que mató a casi todos los demás? No gloria, no propósito, no alivio: solo el peso de seguir estando. Esa es la pregunta que instala La constelación del perro (The Dog Stars, 2026), y es una pregunta lo suficientemente incómoda como para que valga la pena sentarse con ella 119 minutos.

Ridley Scott lleva décadas navegando entre la ciencia ficción épica y los dramas de supervivencia —de Blade Runner a The Martian, pasando por Prometheus— y acá no llega a territorio desconocido, sino que elige uno más íntimo. La película adapta la novela homónima de Peter Heller, publicada en 2012, y sigue a Hig, un piloto que sobrevivió a una gripe devastadora pero perdió a su mujer en el proceso. El mundo que quedó en pie está poblado por «Segadores», carroñeros errantes que representan el lado más brutal de lo que la humanidad hace cuando le sacan las reglas. Hig tiene un avión, un perro y una antena de radio que a veces capta algo que podría ser otra voz humana.

Jacob Elordi carga con el silencio del personaje

Que Scott haya elegido a Jacob Elordi para sostener esta historia dice mucho de cómo está leyendo al actor. Elordi viene de demostrar en Priscilla y en Saltburn que puede habitar personajes cuya complejidad no pasa por lo que dicen sino por lo que no dicen, y Hig es exactamente ese tipo de rol: un hombre quebrado que sigue funcionando por inercia, o quizás por la esperanza irracional de que algo al otro lado de la radio justifique seguir volando. No es un héroe de acción, es alguien que perdió y que carga con esa pérdida como se carga con el equipaje de mano: siempre encima, siempre pesando.

El elenco que lo rodea es deliberadamente sólido. Josh Brolin aparece como el tipo de personaje que estos mundos postapocalípticos producen en serie —el sobreviviente duro, desconfiado, letal cuando hace falta— pero Brolin tiene la suficiente presencia para que no se sienta un estereotipo. Margaret Qualley aporta lo que mejor sabe hacer: fragilidad que no es debilidad, una textura emocional que ancla las escenas en algo real. Guy Pearce y Allison Janney completan un reparto que sobre el papel parece diseñado para no fallar, aunque el puntaje de audiencia en TMDB —un 6.7 sobre 10— sugiere que el resultado no convenció a todos por igual.

El problema de los apocalipsis elegantes

Y ahí está la tensión central de la película, la que probablemente explica ese número a medias. Scott es un director con un control visual casi patológico: sus encuadres son impecables, su paleta de colores siempre está al servicio de una atmósfera específica, y La constelación del perro se ve exactamente como uno esperaría que se vea un fin del mundo filmado por él —árido, hermoso, vagamente desolador con mucho criterio estético detrás. El problema es que esa elegancia a veces trabaja en contra del material. La novela de Heller tiene una roughness, una aspereza de prosa y de emociones, que en manos de una producción muy pulida corre el riesgo de volverse postal apocalíptica.

La película funciona mejor cuando se permite ser lenta, cuando deja que Elordi mire el horizonte sin que pase nada espectacular y confía en que eso alcanza para sostener la atención. Los momentos de acción, los enfrentamientos con los Segadores, cumplen pero no sorprenden: son el genero haciendo lo que el género hace. Lo que diferencia a La constelación del perro de docenas de distopías similares es esa pregunta del principio, la del duelo dentro del apocalipsis, y la película es más interesante cada vez que se queda con ella en lugar de escapar hacia la aventura.

Con sus 119 minutos, no se siente larga ni apresurada, sino que tiene el ritmo de alguien que camina sin estar seguro de a dónde va pero que tampoco tiene apuro en llegar. Para los que buscan ciencia ficción con adrenalina permanente, puede decepcionar. Para los que le dan lugar a las historias que mezclan el fin del mundo con el duelo personal, hay bastante para encontrar acá. La tenés disponible en Playzy, y es el tipo de película que agradece verse con el teléfono lejos y sin pausas.