Dos de las actrices más subestimadas de Hollywood se miden en un thriller de manipulación y secretos basado en el bestseller de Colleen Hoover. ¿Alcanza para más que el morbo?
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¿Qué pasa cuando la historia que encontrás escrita en un cuaderno es peor que cualquier ficción que pudieras inventar? Esa es la pregunta que mueve Verity. La sombra de un engaño, el thriller psicológico de 2026 dirigido por Michael Showalter, adaptación de la novela homónima de Colleen Hoover que durante años circuló como uno de esos libros que la gente recomienda en voz baja, con una mezcla de fascinación y culpa. La historia tenía todos los ingredientes para convertirse en una película incómoda, obsesiva, difícil de sacudir. Y en gran medida, lo logra.
Lowen Ashleigh —Dakota Johnson, que lleva años cargando con una reputación injusta de actriz menor— es contratada como escritora fantasma por Jeremy Crawford, interpretado por un Josh Hartnett que acá recupera esa presencia silenciosa y algo magnética que ya mostraba en su regreso reciente a papeles de peso. El trabajo parece claro: terminar la saga de novelas de Verity Crawford, autora de bestsellers incapacitada tras un accidente. Lo que Lowen no espera es encontrar, entre los papeles de esa casa, un manuscrito autobiográfico que convierte a Verity en algo mucho más perturbador que una figura ausente. Anne Hathaway interpreta a Verity casi desde el silencio, una presencia que contamina cada escena aunque apenas esté físicamente en ellas, y es precisamente ahí donde la película gana peso.
Lo que Hathaway hace con muy poco espacio en pantalla
El mayor riesgo de esta adaptación era el reparto de protagonismo. En el papel, Verity es un personaje que existe más como sombra que como cuerpo, y trasladar eso a imagen sin que se vuelva un fantasma sin sustancia requiere una actriz que sepa comunicar amenaza en estado latente. Hathaway lo resuelve con una economía de recursos que no siempre se le reconoce: una mirada sostenida un segundo de más, una postura que no termina de cuadrar con el estado de invalidez que se supone que padece. Showalter, conocido por comedias dramáticas como The Big Sick o The Eyes of Tammy Faye, da acá un giro de tono que no siempre resulta fluido, pero que demuestra una voluntad genuina de trabajar la tensión desde la atmósfera antes que desde los golpes de efecto.
Johnson, por su parte, carga con el trabajo más ingrato: sostener un punto de vista que el espectador sabe que es parcial, guiar sin explicar demasiado, dudar sin perder credibilidad. Hay momentos en que la película le exige demasiado a esa ambigüedad y el relato tropieza, especialmente en el segundo acto, cuando la acumulación de revelaciones empieza a pesar más que a sorprender. Ismael Cruz Córdova aparece en un rol secundario que el guion no termina de aprovechar, y es una de las deudas más visibles del relato.
El problema del morbo como motor narrativo
El puntaje de audiencia en TMDB ronda el 6.3 sobre 10, y esa cifra dice algo interesante: Verity genera reacciones divididas no porque sea una mala película, sino porque incomoda de maneras que no siempre se resuelven limpiamente. La novela de Hoover construía su fuerza en una ambigüedad moral que el lector podía habitar durante días después de terminarla. La película, con sus 114 minutos, tiene que tomar decisiones que el libro podía posponer indefinidamente, y algunas de esas decisiones van a resultar insatisfactorias para quien llegue con expectativas formadas por la fuente.
Showalter elige el suspense sobre el horror, la sugerencia sobre la mostración explícita, y eso es un acierto. La casa de los Crawford funciona como personaje por sí sola: espaciosa, costosa, fría, llena de rincones que deberían ser acogedores y no lo son. La fotografía acompaña esa sensación de algo ligeramente fuera de lugar, de ambiente que nunca termina de ser habitable. Lo que le falta a la película es la valentía de llevar esa incomodidad hasta sus últimas consecuencias, de no ceder ante la tentación de resolver demasiado.
Aun con esos reparos, Verity. La sombra de un engaño es exactamente el tipo de thriller que funciona mejor cuando lo ves de noche, sin saber bien qué esperar, dispuesto a dejarte llevar por el crescendo de una historia que sabe que el mayor monstruo no necesita moverse para asustar. Si tenés las ganas, la encontrás en Playzy.
