Ryan Reynolds y Kenneth Branagh en la Guerra Fría más ridícula e improbable del cine de 2026
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Ryan Reynolds y Kenneth Branagh en la Guerra Fría más ridícula e improbable del cine de 2026

06 de septiembre de 20264 min de lectura21 lecturas
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Un piloto de la Marina atrapado tras las líneas enemigas y un exagente del KGB que no debería caerle bien a nadie. Mayday apuesta por la comedia bélica y sale ganando.

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¿Qué pasa cuando tomás la premisa más seria posible —un piloto estadounidense atrapado en territorio enemigo durante la Guerra Fría— y la ponés en manos de Ryan Reynolds? La respuesta, en el caso de Mayday, es que funciona mejor de lo que cualquier sinopsis podría sugerir. Jonathan Goldstein, conocido por haber codirigido Spider-Man: Un nuevo universo y la divertida Dungeons & Dragons: Honor entre ladrones, vuelve a demostrar que tiene un instinto muy particular para equilibrar el caos con el corazón, y que sabe exactamente qué tipo de energía extraerle a un elenco.

La película arranca con Ryan Reynolds en el rol de un piloto de la Marina en una misión ultrasecreta que sale, previsiblemente, muy mal. Atrapado tras las líneas enemigas y sin recursos ni aliados, su única salida improbable llega en la forma de un exagente del KGB excéntrico hasta el tuétano, interpretado por Kenneth Branagh con una entrega que pocas veces se le ve en proyectos de esta naturaleza. Es la clase de dúo que en papel suena a chiste, pero que en pantalla genera una química extraña y adictiva: Reynolds haciendo de Reynolds (con toda la autoconciencia que eso implica) y Branagh entregándose con una seriedad cómica que recuerda a sus mejores trabajos de carácter.

Dos mundos que no deberían coexistir y que, sin embargo, se necesitan

El corazón de Mayday está en esa tensión permanente entre el tono serio que exige una historia de espionaje bélico y la comedia de situación que Reynolds convierte en marca registrada. Goldstein no intenta disimular la contradicción: la abraza. Hay secuencias de acción genuinamente bien ejecutadas, con una estética visual que remite al cine de espías europeo de los años setenta, y escenas que son directamente de comedia física sin pedir perdón. Lo interesante es que el guión —y el reparto— logra que ambas cosas convivan sin que ninguna le reste al resto.

Marcin Dorociński, el actor polaco que muchos conocen por su trabajo en la serie de Netflix 1899, tiene aquí un papel que todavía no está del todo detallado en los materiales disponibles, pero su presencia suma textura a un elenco que claramente fue armado con criterio. Lo mismo puede decirse de Maria Bakalova, la actriz búlgara que se hizo conocida internacionalmente con Borat: Subsequent Moviefilm y que tiene una capacidad para el absurdo con dignidad que encaja perfectamente en este universo. Y David Morse, veterano de décadas de cine y televisión, ancla el conjunto con el tipo de presencia sólida que proyectos así necesitan para no irse al delirio puro.

No es exactamente Los incorregibles, pero tampoco quiere serlo

Sería fácil comparar Mayday con otras buddy comedies de acción del circuito hollywoodense —y algo de eso hay—, pero la ambientación en plena Guerra Fría le da una dimensión que va más allá del género. Hay algo genuinamente interesante en explorar ese período histórico de paranoia y trincheras ideológicas a través de la lente de la comedia: desnaturaliza los miedos de época, los vuelve absurdos, y en el proceso dice algo, aunque sea tangencialmente, sobre cómo los conflictos geopolíticos dependen tanto de la percepción como de los hechos reales.

El puntaje de audiencia en TMDB ya ronda el 7.9/10 desde su estreno en 2026, lo cual para una comedia bélica es una señal bastante elocuente. Este tipo de películas suele generar divisiones: los que buscan rigor histórico se frustran, los que entran sabiendo lo que van a ver salen contentos. Los números sugieren que la segunda categoría está ganando, y es fácil entender por qué. Goldstein sabe construir un ritmo que no da respiro pero tampoco agota, y Reynolds está en una zona de confort que, cuando está bien dirigida, es difícil de resistir.

Con 110 minutos que pasan rápido, Mayday no pretende ser la gran película bélica del año ni la comedia que redefine el género. Pretende ser exactamente lo que es: una aventura disparatada, filmada con oficio, protagonizada por un elenco que parece estar genuinamente divirtiéndose, y ambientada en uno de los períodos más fértiles dramáticamente de la historia reciente. Y en ese objetivo, cumple con creces. Si tenés ganas de algo que combine espionaje, absurdo y Branagh hablando con acento ruso, la encontrás en Playzy.