La secuela del thriller de supervivencia vertical vuelve con nueva directora, nuevas víctimas y la misma pregunta: ¿hasta dónde puede sostenerse un relato construido sobre el puro vértigo?
¿Cuántas veces puede funcionar el mismo truco? La pregunta no es un reproche, es el punto de partida honesto para hablar de Fall 2: Deadpoint, la secuela del thriller de supervivencia que en 2022 convirtió una torre de televisión oxidada y dos actrices sudando frío en un fenómeno de bajo presupuesto con mucho más tracción de la esperada. Aquella primera entrega vivía de una sola premisa brutal: dos mujeres atrapadas en lo más alto de una antena, sin señal, sin agua y con el vacío como único horizonte. Era efectiva precisamente porque no pedía permiso para ser lo que era. Esta segunda entrega llega en 2026, con Michael Spierig en la silla del director, y plantea una variante: el precipicio ahora no es una torre sino el Monte Kwan, y los tablones de madera que conectan dos picos a 1.500 metros de altura hacen las veces de ese espacio imposible donde los personajes deben sobrevivir. El escenario cambia; la lógica, no tanto.
El punto de partida emocional de Deadpoint es más trabajado que el de su predecesora. Jax, interpretada por Harriet Slater, llega al relato cargando con el duelo por su hermana Shiloh, y es ese dolor el que la empuja a embarcarse en una escalada con Luce —Arsema Thomas—, una amiga de la fallecida que aparece como puente hacia algo que Jax todavía no puede nombrar. Esa dinámica de duelo y amistad no del todo probada le da a la película una textura inicial más interesante que el simple «quedaron atrapadas». El problema es que el guion no siempre sabe qué hacer con esa profundidad: la usa cuando le conviene para los giros emocionales y la descarta cuando necesita acelerar la acción.
El vértigo como lenguaje, no como decorado
Lo que Spierig entiende bien —y es mérito real— es que este tipo de cine de supervivencia vertical solo funciona si la cámara trabaja el espacio de manera que el espectador sienta el vacío como algo físico, no como dato. Y en ese aspecto, Deadpoint entrega secuencias genuinamente angustiantes. El desprendimiento de rocas que deja a Jax y Luce varadas en los tablones a mitad del film es una de esas escenas que hacen que uno ajuste el asiento sin darse cuenta. La dirección saca partido de la geometría imposible del lugar: los planos cenitales sobre el abismo, los encuadres que borran el suelo del mundo y dejan solo cielo, viento y madera que cruje. En ese registro, la película cumple.
El reparto tiene una presencia sólida en sus dos protagonistas. Harriet Slater construye a Jax con una fragilidad que no cae en el patetismo, y Arsema Thomas le da a Luce una opacidad que resulta funcional para los giros que el guion tiene reservados. Tom Brittney y Virginia Gardner aparecen en roles que el film necesita más de lo que los desarrolla, y la presencia de สหจักร บุญธนกิจ añade una variable que el relato introduce con interés pero no siempre resuelve con la misma convicción.
Cuando los giros crueles son también los más previsibles
El mayor obstáculo de Fall 2: Deadpoint no es el vértigo —ese lo maneja— sino la escritura de sus revelaciones. El film apuesta por esos «giros crueles» que anuncia su propia sinopsis, y hay que reconocer que alguno pega. Pero en el camino hacia ellos, la película comete el error de telegrafiarlos con demasiada anticipación: ciertas miradas, ciertos silencios y ciertos diálogos que se sienten construidos para el momento de la vuelta de tuerca más que para la escena que los contiene. Es un defecto del thriller moderno que se replica aquí con más frecuencia de la deseable.
El puntaje de audiencia en TMDB —un 6.1 sobre 10— dice algo que no es ni entusiasmo ni rechazo: es el número de una película que funciona en lo que promete pero no encuentra el modo de trascenderlo. Deadpoint no pretende ser Todos quieren algo ni La sociedad de la nieve; es cine de género con ambiciones acotadas y suficiente oficio para sostener sus 98 minutos sin que la atención decaiga del todo. En ese marco, cumple. El problema es que la primera Fall también cumplía, y desde entonces el listón de este subgénero ha subido.
Si sos de los que disfrutaron la angustia comprimida de la primera entrega y no le pedís a una secuela que reinvente la rueda sino que gire bien, Fall 2: Deadpoint tiene lo suficiente para una noche de tensión con el volumen alto. La encontrás en Playzy, donde podés decidir vos si 1.500 metros de altura son suficientes para mantenerte al borde del asiento.
